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Notas de Prensa
25.09.14 18:54 Antigüedad 3 meses

Discurso del magistrado presidente Erasmo Pinilla C,. en el acto inaugural de la Feria del DERECHO A SABER el 25 de septiembre de 2014

Categoría: Notas de Prensa, Discursos

 

Hay una sutil diferencia entre derecho a saber, y derecho al saber. En términos gramaticales se trata de una preposición y una contracción, pero en términos conceptuales, es un mundo maravilloso de interrelación de la utilidad del conocimiento, y su aplicación al proyecto de ser ser humano.

Quiero hacer este inciso, porque como cualquier otra herramienta, estar informado de algo no es suficiente, si no sabemos qué podemos hacer con esa información.

Por otra parte, la información es tan valiosa en nuestra aspiración de ser seres humanos, que forma parte del arsenal más importante y urgente de esa otra aspiración que se llama vivir en democracia.

Analicemos el asunto: estar informados sobre qué sucede en nuestro rededor, es de vital importancia para relacionarnos mejor con nuestra familia, nuestro medio…  y contribuir a vivir mejor en sociedad, ya sea en el entorno doméstico, barrial o nacional.

La información se ha transformado recientemente en un derecho; por lo menos la que se llama pública, porque hay otra privada, que permanece en ominosas cajas fuertes, aduciendo que algún tipo de privacidad debe protegerlas. En verdad se trata de una burla al derecho de conocerlas, porque esa información es la más dañina a la democracia. Me refiero a la confabulación política, a la prevaricación gubernamental, y al descarado asalto  al erario nacional, ligados íntimamente con la complicidad de no castigarlos; la impunidad; porque el castigo lleva al compromiso prácticamente obvio de no cometer el mismo delito.

A mí me parece que el derecho a saber ha tenido una poderosa plataforma de lanzamiento en la existencia de las redes sociales. Así como los anonimatos de la corrupción gubernamental se protegen siempre en la complicidad de los testaferros de algunas empresas privadas, las denuncias anónimas en las redes sociales son hoy un grillete que fija en un área cada vez más pequeña las intenciones de asaltar las arcas nacionales.

Y referido a Clístenes, Padre de la Democracia, el hecho y su condición se describen en su concepto de democracia: “todos los hombres somos iguales ante la ley; no valen herencias familiares, ni riquezas”.

Bien sabido es que la ley es letra muerta si se desconoce, o si se archiva en gestiones que le son adversas. Panamá tiene una Ley de Transparencia desde marzo de 2002, que asevera que es un principio fundamental que toda persona tiene derecho a solicitar cualquier información en poder o conocimiento de las instituciones públicas, sin necesidad de sustentar justificación o motivación alguna para dichas peticiones de información.

Pero el que hizo la ley, hizo la trampa… si usted quiere información, deberá solicitarla hoy y alargar la esperanza hasta por 30 días para   recibir la información. Y por 30 días más si es muy compleja a juicio del funcionario. ¿Qué le hace falta a esa ley?   Creo que la activación en Panamá de un servicio que brindan algunas organizaciones de la sociedad civil de otros países, como Brasil, España, Alemania, Chile y Kosovo, donde usted puede preguntarles vía Internet sobre cualquier asunto que gravite sobre la vida nacional, y ellos a través de su página web hacen la investigación y cuelgan en el sitio los resultados, en formato claro y de fácil comprensión, donde queda útil para que ocurra el paso siguiente del derecho a saber: darnos cuenta.

Podemos tener acceso a una información, sin darnos cuenta. En un proceso de análisis que es parte de la formación ciudadana, debería ocurrir ese paso insustituible que es darnos cuenta; o sea, hacer la conexión entre la información y su probable y posible utilidad. Sin esta conexión la información es inútil… y con esta conexión se abre el otro cauce social, que es el fin del derecho a saber: poder actuar.

Una vez que los ciudadanos han hecho suya la información y la han conceptuado como derecho a saber, a darse cuenta, falta que exista la certeza legal y la firmeza de los jueces; que actúe la virtud social de hacer justicia… la información no sirve de nada, si no se concluye en acciones ejemplares que, empoderándola, permitan que la sociedad nacional sienta que está protegida contra los abusos gubernamentales y privados. Vivir en democracia exige de todos, conductas éticas.

En cuanto al Tribunal Electoral, el derecho a saber tuvo sus inicios en temas de Transparencia, con el Índice de Integridad de las Instituciones Públicas, en el que se utilizó una herramienta de contraloría social con el propósito de contribuir a que la gestión institucional  se realizara en términos de transparencia, eficacia y honradez. Sobre todo a partir de la certificación de nuestros procesos bajo las Normas de Gestión de Calidad ISO 9001:2008.

Los resultados del índice fortalecieron la institución, y para este propósito se conformó la Comisión Permanente de Transparencia en el año 2009, misma que a través de la coordinación directa de la Dirección de Integridad Institucional, se encarga de velar por la revisión y actualización de la información de carácter público disponible en la página web del Tribunal Electoral, cumpliendo con lo establecido en la ley 6, y así mantener una rendición de cuentas transparente y efectiva, con información de la gestión institucional  de acceso a todos los ciudadanos.  

El Tribunal Electoral logró el 100% de las tres evaluaciones de transparencia en el año 2013 en cumplimiento de la Ley 6, cuya buenas prácticas en su gestión lo hicieron acreedor a un reconocimiento público.

Además, la institución ha realizado varias actividades en materia de transparencia y participación ciudadana entre las que podemos mencionar:

·         Firma del Pacto Ético que fue convocado por la Conferencia Episcopal Panameña, a través de la Comisión de Justicia y Paz, y por el Tribunal Electoral, a fin de que imperar el respeto y la dignidad de las personas en el proceso electoral.

·         Patrocinio al concurso nacional de oratoria con el lema “el papel de la juventud en democracia: Legitimidad, eficacia y participación activa.”

·         Convenio para promover la participación Democrática y Valores Cívicos, con la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana.

·         Lanzamiento de la Revista Informativa Trimestral del Tribunal Electoral, “Un modelo de redición de cuentas de manera Transparente”.

·         Foro Hábeas data y derecho a la información.

·         Abracemos la institucionalidad.

Pensemos que no es suficiente la voluntad de algunas instituciones y la existencia de una ley. Falta la parte más importante del proceso, y se requiere que el ciudadano perciba que es fácil informarse, darse cuenta y actuar.  Quizás, de la misma manera que el pan y circo funciona, y hasta que la formación no sea un derecho más que lo que se nos da académicamente, la urgencia consista en que el derecho -o la libertad de información- no sea una carrera de obstáculos, sino un proceso tan fácil como abrir facebook y enterarse de la vida de las amistades.

En este calvario en que se nos está convirtiendo la vida urbana, bueno es saber que saber no es un clavo más, sino un alivio al padecimiento que nos impone la intención de ser mejores panameños cada día.

 

Gracias.  

 

                                                                       Erasmo Pinilla Castillero

                                                                       25 de septiembre de 2014