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Discursos
23.09.15 17:57 Antigüedad 2 meses

Discurso del magistrado presidente, Erasmo Pinilla Castillero, en el acto de conmemoración de los 200 años de la Carta de Jamaica.

Categoría: Discursos

 

Cuando Bolívar nació, en 1783, los nobles españoles intelectuales ya habían advertido a Carlos III sobre la necesidad de modificar las políticas que regían las colonias de ultramar, principalmente las de América.  Sus sucesores, Carlos IV y Fernando VII, tampoco modificaron las estructuras políticas que garantizaran la gobernanza en las colonias.

Ese año de 1783, el conde de Aranda, embajador de España en París, escribía al rey Carlos III, que el dominio español no podía ser muy duradero debido a la dificultad de socorrer a las posesiones territoriales desde Europa, cuando ellas solicitaban apoyo a la monarquía; más aun, señalaba que los virreyes y gobernadores solo tenían en mente enriquecerse, cometiendo atropellos e injusticias contra los criollos; otros historiadores han señalado que América era una región en plena madurez territorial, ya con sus propias idiosincrasias y con mínimas posibilidades de desarrollarse por la obcecación monárquica de sostener un mandato férreo sobre territorios que pujaban por autodeterminarse.

De modo que, cuando Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte Palacios y Blanco escribía, en septiembre de 1815 la Carta de Jamaica, a la que llamó A friend, título que fue traducido como ‘Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla’, solo reafirmaba una tesis que ya tenía 32 años de sonar insistentemente en el Palacio Real de Madrid.

  • De esa carta, enviada a un súbdito inglés llamado Henry Cullen, debe rescatarse el espíritu que hoy vaga por toda Latinoamérica, esperando que los súbditos de nuestras democracias rescaten el sueño de una Latinoamérica unida. Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela y Panamá,  los países bolivarianos, han desarrollado diversas corrientes ideológicas sobre la base del republicanismo cívico-humanista expuesto en esa ejemplar epístola, derivando algunos sectores de izquierda hasta el Socialismo del siglo XXI; pero la esencia política de la Carta de Jamaica es una ilustre compilación de los hechos históricos que la precedieron e inspiraron, principalmente las ideas de la Ilustración, los preceptos de la Revolución francesa y la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. 
  • Bolívar no era un predestinado, hecho que deseo señalar como motivación para retarnos a una conversión que estimo urgente: ser protagónicos de nuestros destinos políticos. Simón Bolívar tuvo una infancia que, a pesar de originarse en una cuna aristocrática, sufrió esos reveses inesperados cuando los progenitores desaparecen siendo niño. Dado en adopción a familiares y tutores, mostró desde temprano el talante de los hombres cuya mejor factura es la inquietud humana. 
  • Viajó a Europa, apenas había cumplido la primera adolescencia, donde adquirió el bien más preciado para todo ser humano: la cultura. La intelectualidad del polémico continente europeo aún vibraba con los vítores humanistas del Renacimiento, principalmente con las certezas que nuestra especie adquirió al pasar del teocentrismo al antropocentrismo.  De tal manera, Bolívar modeló su transformación bajo la tutela de un pensamiento que, si bien ya había llegado a América, había sido adoptado por los políticos de entonces como una enseñanza modificada, y no como un aprendizaje revolucionario. 
  • La Carta de Jamaica fue escrita a mano -lógicamente- con la caligrafía de la época, y dictada por Bolívar a su escribiente Pedro Briceño Méndez. Debió ser una sesión de por lo menos 5 horas, apenas 15 años antes de la muerte de Bolívar, y cuando ya acusaba los primeros síntomas de la tuberculosis, padecimiento que se instaló genéticamente en su anatomía, porque ambos padres murieron de aquel azote funesto que, inexplicablemente, sigue vigente en la humanidad. 
  • Decía Simón Bolívar en esa misiva, que “…los estados son esclavos por la naturaleza de su constitución, o por el abuso de ella; luego un pueblo es esclavo, cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios, hoya y usurpa los derechos del ciudadano o súbdito”De estas afirmaciones es que se declara que el texto es profético, admonitorio… y documento inalterablemente asombroso, en la prodigiosa manera de hacer futurología sociopolítica. 
  • El documento describió, tempranamente, las características sociopolíticas de los países que Bolívar deseaba unir en una sola gran confederación, ya cuando varios de ellos habían iniciado las luchas independentistas; España no había reconocido aún las independencias, aunque desde 1810, ya Hidalgo había iniciado la guerra de independencia de México. De modo que la Carta de Jamaica es dictada por Bolívar, unos 5 años después que el conjunto de países latinoamericanos se encontraban en el fragor de sus reclamaciones independentistas. 
  • La política auténtica se lleva en la sangre, como el juramento de Bolívar en el Monte Sacro de Roma, ante Simón Rodríguez, su maestro y mentor: 
  • "¡Juro -dijo  Bolívar-delante de usted, juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español!" 
  • Otros párrafos de la Carta de Jamaica, menos comprendidos porque se analizan fuera del contexto histórico y los escenarios geopolíticos, perciben a Bolívar como un revolucionario proponente de una lucha independentista, pero para instaurar monarquías o aristocracias criollas. 
  • Así lo afirma Carlos Marx, en un extenso artículo publicado en 1858, donde decía: “…en el año 1826, cuando su poder comenzaba a declinar, logró reunir un congreso en Panamá, con el objetivo aparente de aprobar un nuevo código democrático internacional. Llegaron plenipotenciarios de Colombia, Brasil, La Plata, Bolivia, México, Guatemala, etc. La intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una república federal, cuyo dictador quería ser él mismo. Mientras daba, así, amplio vuelo a sus sueños de ligar medio mundo a su nombre, ya que el poder efectivo se le escurría rápidamente de las manos. Las tropas colombianas destacadas en el Perú, al tener noticia de los preparativos que efectuaba Bolívar para introducir el Código Boliviano, desencadenaron una violenta insurrección”.  Respetables opiniones, que aún cuando no las compartimos del todo, necesitamos analizar por la grandeza del autor. 
  • Todo prohombre es blanco propicio de pasiones, tentaciones, envidias, mezquindades y otras ruindades. Solo aquellos con un talante voluntarioso sobreviven a la seducción del poder, priorizando el bien común sobre el personal. 
  • En la Carta de Jamaica, Bolívar declara: “En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina”. 
  • Y más adelante, dice: “Se nos vejaba con una conducta que, además de privarnos de los derechos que nos correspondían, nos dejaban en una especie de infancia permanente, con respecto a las transacciones públicas. Si hubiésemos siquiera manejado nuestros asuntos domésticos en nuestra administración interior, conoceríamos el curso de los negocios públicos y su mecanismo, moraríamos también de la consideración personal que impone a los ojos del pueblo cierto respeto maquinal que es tan necesario conservar en las revoluciones. He aquí, por qué he dicho que estábamos privados hasta de la tiranía activa, pues que no nos está permitido ejercer sus funciones”. 
  • Es una idea grandiosa pretender formar de todo el mundo nuevo una gran nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo… ­-afirmaba en el párrafo donde exponía su sueño de unificación-…“ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas, intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América”. 
  • Es aquí donde Bolívar propone a Panamá como lugar para instaurar un augusto congreso de los representantes de los pueblos  latinoamericanos. Del continente, solo excluía a Brasil y Estados Unidos de América para tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, en su ya bien conocida sentencia: Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los griegos”. Sabemos lo ocurrido: sin su consentimiento, fueron convocados no solo Brasil y Estados Unidos de Norteamérica, sino también Inglaterra. 
  • Volviendo a Marx,  según José Aricó, intelectual argentino de la segunda mitad del siglo pasado, la solidez de la desoladora visión marxista del mito bolivariano se sustenta en uno de los conceptos teóricos fundamentales del socialismo científico, para entender los problemas anticoloniales del tercer mundo: se trata del concepto de matriz hegeliana sobre los "pueblos sin historia", según el cual los procesos revolucionarios librados al azar de un mero imperativo positivista, sin la conciencia de una clase hegemónica capaz de imponer su propia racionalidad en el marco de la lucha de clases, devienen en procesos caóticos e irracionales. 
  •  Las conceptualizadas afirmaciones de Marx, empero, no empañan la figura del ilustre caudillo, porque en la casuística histórica, los hechos se concatenan aleatoriamente, o según un diseño estratégico preconcebido para obtener el fin. Y el sueño bolivariano nunca cejó en sus empeños, con el ejemplo apreciable de Simón Bolívar, de poner su fortuna, sus  propiedades y su propia salud y vida, al servicio de las causas independentistas. 
  • De hecho, en las incipientes democracias de América Latina, Bolivia, cuyo nombre honra al de Bolívar, tenía en el artículo 9 de su Constitución de 1826, cuatro secciones para el Poder Supremo, donde la primera era la Electoral y después la trilogía clásica del Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Por lo que queda claro el nivel de importancia que Bolívar daba al proceso electoral. Y todavía en Panamá se nos regatea el reconocimiento de nuestra propia Constitución, de llamarnos Tribunal SUPREMO Electoral. Por cierto, se llamó primeramente República de Bolívar, pero un aforismo genial del teólogo potosino Manuel Martín Cruz, cambió el nombre cuando  dijo: “Si de Rómulo se derivó Roma, de Bolívar debe ser Bolivia”, lo que  le dio, finalmente este nombre, a Bolivia. 

En contrapeso a la opinión de Marx, José Martí, ese incomparable pensador cubano y latinoamericanista, se refiere a Bolívar en un escrito dedicado a la docencia infantil: 

“Cuentan que un viajero llegó a Caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino, no preguntó donde se comía ni se dormía, sino cómo se iba a donde estaba la estatua de Bolívar. Y cuentan que el viajero, solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo. El viajero hizo bien, porque todos los americanos deben querer a Bolívar como a un padre"… el viajero era el propio José Martí.


En su obra ‘Tres héroes’, dedicada a Bolívar, Hidalgo y San Martín, Martí hace un panegírico de Simón Bolívar, al afirmar sobre él que, cuando existen muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí, el decoro de muchos hombres. Y señala: Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que le roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.

Y afirma, con toda justedad, que a esos hombres "se les deben perdonar sus errores, porque el bien que hicieron fue más que sus faltas. Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz".

"Ganó batallas sublimes con soldados descalzos y medio desnudos. Todo se estremecía y se llenaba de luz a su alrededor. Los generales peleaban a su lado con valor sobrenatural (…) Jamás se peleó tanto, ni se peleó mejor en el mundo por la libertad. Bolívar no defendió con tanto fuego el derecho de los hombres a gobernarse por sí mismos como el derecho de América a ser libre. Los envidiosos exageraron sus defectos (…) murió de pesar en el corazón, más que de mal del cuerpo”.  Obviamente, estas reflexiones martianas son en respuesta a las consideraciones de Marx.

  •  En la homilía del domingo pasado, también en la Cuba de Martí, el papa Francisco afirmaba solemos huir de las cruces propias y las ajenas”.  En mi opinión, las cruces que cargó Bolívar son parecidas a las que llevó Jesús sobre sus espaldas; más pesadas, o más livianas por la esencia de lo que redimen, las que cargó Simón Bolívar le ganaron el bien asignado título de ‘El Libertador de América’.

 

Muchas gracias.